VIRUS RESIDENTE
Con este título no me refiero a ese tipo de virus que se te cuelan en el ordenador y no hay manera de eliminarlos; los que una y otra vez aparecen con el reinicio del sistema operativo antes de que te veas obligado a formatear el disco duro para librarte de ellos. No, me refiero al virus EPSTEIN-BARR, el cual me acompaña desde el 1 de enero, día en que iniciamos una relación febril que me llevó a la cama, a estar de baja y a hacerme un sin fin de análisis y pruebas diagnósticas hasta identificar al causante de mis febrículas diarias que continúan aun hoy en día.
El médico me dice que no hay tratamiento específico, y que hasta que mi organismo no cree los anticuerpos necesarios para controlarlo totalmente, seguirá dándome la lata y las décimas. Luego se quedará ahí, inactivo, pero residente.
Menudo cachondeo se han traído en la escuela algunos compañeros a cuenta del "virus residente" teniendo en cuenta que mi labor principal es la de ser el informático del centro y andar todo el día entre ordenadores.
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